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Aprender a vivir después de la muerte de un hijo

Puede que sobrevivir a los hijos sea el proceso de duelo más duro que existe para un adulto. A medida que la persona crece y envejece tiene que afrontar la muerte padres, hermanos e incluso de amigos. Pero ¿cómo se puede afrontar la muerte de un hijo?

El ser humano vive en una sociedad que entiende la vida como un ciclo en el que nacer, crecer, trabajar, formar una familia, o no, y morir. Pero desgraciadamente la vida no siempre sigue «el plan» establecido. Algunas personas tienen que vivir la experiencia de perder a un hijo. Este acontecimiento, sea a la edad que sea, supone uno de los eventos más duros para el ser humano.

¿Cómo afrontar la muerte de un hijo? Lo primero que hay que saber es que existen personas expertas en duelo que pueden ayudarnos a transitarlo.

La muerte de un hijo, el acontecimiento más duro para un adulto

La pérdida de un hijo es uno de los eventos vitales más dolorosos y traumáticos que existen para una madre o un padre. La irrupción de este acontecimiento en la vida de una familia implica un cambio de planes absolutamente radical y su impacto dura años.

Pueden existir grandes diferencias a la hora de abordar el hecho por parte de los progenitores, algo que puede provocar cambios en el vínculo entre la pareja. Cuando un padre o una madre pierden un hijo, los planes de futuro y los sueños se trucan provocando un gran desequilibrio en la vida de cada persona. Comprender el duelo de cada persona y dar el tiempo necesario para procesar las emociones y su expresión son fundamentales.

En cualquier caso, cada duelo es diferente. Se trata de un proceso íntimo y personal en el que cada persona transita por varias emociones intensas tales como la tristeza, la culpa, la rabia y el miedo.

La muerte de los hijos es igual de dolorosa en todos los casos, pero existen dos momentos que tienden a minimizarse con algunos comentarios desafortunados como: «anímate, puedes tener otro bebé»

Cuando la pérdida de un hijo se produce antes de nacer

¿Se sufre por la pérdida de un hijo no nacido? Sí. El dolor por la pérdida de un bebé en el vientre de la madre puede suponer el mismo dolor que el fallecimiento de un hijo a sus 30 años. Algunas personas pueden pensar que, dado que el bebé no ha nacido, la madre no tiene un vínculo con su hijo todavía. Esto es absolutamente falso. El vínculo emocional comienza a las pocas semanas de gestación y en base a ello la madre comienza a tener expectativas sobre su hijo. ¿Cómo será? ¿Qué le gustará? ¿Será niña o niño? ¿A qué colegio irá? ¿A quién se parecerá más?

A las pocas semanas de la gestación de un bebé deseado los padres empiezan a girar en torno a la vida de su hijo. Por lo tanto el bebé antes de nacer ya ocupa un gran espacio emocional en sus padres. Si la muerte sucede antes del nacimiento del bebé, la madre pasará por un proceso de duelo con todas sus fases.

Cuando la pérdida es de un bebé recién nacido

¿Duele más la pérdida de un hijo a sus 50 que a los días de nacer? Algunas personas podrán pensar que en el primer caso el dolor es mucho mayor, pero lo cierto es que el duelo es un proceso muy similar. Al final lo importante en un duelo por fallecimiento es el vínculo que teníamos con la persona fallecida. De la misma forma que se resta importancia al dolor de los padres por la muerte de un bebé no nacido, la pérdida de un hijo recién nacido muchas veces se mira bajo el mismo prisma.

El vínculo con un bebé recién nacido comenzó en sus primeras semanas de gestación. Por eso si el bebé fallece después del parto o en los próximos días el vacío que sufren los padres por su pérdida es terrible. Ante este acontecimiento los padres experimentan todas las emociones relacionadas con la pérdida y el duelo. Por lo tanto el tránsito será muy similar a un duelo de otras características.

Descarga la Guía de Apoyo al Duelo Sin Despedida que Ortega Servicios Funerarios en Valencia ha elaborado en colaboración con Dopsi Psicología y Saludo, el gabinete de psicólogas expertas en duelo.

Fases del proceso de duelo por la pérdida de un hijo

Fase 1: La mente quiere negar la realidad

La negación es un mecanismo de defensa que se activa de forma automática en el cerebro tras procesar un hecho traumático. A través de la negación el cerebro inicia el proceso de duelo. En este momento la persona se puede sentir aturdida e incapaz de pensar nada más que «no puede ser» «esto no me está pasando». En esta fase es normal que, sobre todo la madre, sienta todavía impulsos de atender a un bebé, preparar el almuerzo de su hija o ir a su habitación a ver si se ha dormido. La persona suele pasar del vacío a la hiperactividad en esta fase.

Fase 2: Aparece la ira y la frustración

La culpa. Puede suceder que los padres se encuentren en una lucha constante entre la razón y la emoción durante esta fase. Por un lado el razonamiento nos justifica que debemos continuar con nuestra vida, y la vida se presenta de tal forma, pero por otro lado las emociones nos impiden avanzar. En esta fase normalmente los padres suelen obsesionarse en la búsqueda de razones y porqués con el objetivo de minimizar su sensación de culpabilidad por «no haber podido evitarlo»

Fase 3: Empezamos a negociar con lo sucedido

Cuando desparece la frustración y llega la tristeza, los padres empiezan a echar de menos al hijo perdido. De forma paulatina el cerebro va asimilando la muerte y tanto la madre como el padre empiezan a experimentar altibajos. Días en los que todo parece estar mejor y días en los que la pena es demasiado grande. Esa inestabilidad emocional es del todo normal durante esta fase. Los padres en este punto empiezan a desear el menor sufrimiento posible y cuando el dolor aparece se siente de una manera menos destructiva. La sanación ha empezado.

Fase 4: Acepto que mi hijo ha muerto

Aceptar una situación implica darle, a esa situación, un lugar en nuestra vida para poder seguir avanzando. La aceptación es la fase final del duelo y en la muerte de un hijo trae consigo sosiego e interiorización de su recuerdo. Los episodios de angustia son cada vez menos frecuentes. Los padres no olvidan a su hijo, aprenden a vivir sus vidas sin él de forma presente. Los recuerdos positivos o lo vivido con su hijo queda en su memoria para siempre. Esos recuerdos les ayudan a mantenerle vivo en su corazón.

El proceso del duelo va de dentro hacia afuera. No hay un tiempo mínimo y máximo para transitarlo, aunque sí tiende a medirse con uno o dos años.

Aprender a vivir tras la muerte de un hijo

Ningún proceso de duelo es igual y en la historia de cada familia existen condicionantes que hacen que ese proceso se vaya a dar de forma diferente. Existen, aún así, recomendaciones y pautas para poder transitar el duelo por el fallecimiento de uno de los hijos de una familia. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) tiene una Guía para familiares en duelo que aporta algunas orientaciones a la hora de afrontar este trance.

Te dejamos aquí algunas consideraciones y recomendaciones para afrontar el duelo por la pérdida de tu hija o hijo:

Pide ayuda de un profesional si lo necesitas. 

No te prives de poder contar con la ayuda de una psicóloga experta en duelo. Todo proceso de duelo requiere de trabajo personal y no siempre se está en las condiciones para poder hacerlo. Pedir ayuda es lo más sensato.

Cuida la comunicación con tu pareja ahora más que nunca

La muerte de un hijo desequilibra la vida de la madre y la del padre. Permitirse expresar cómo se siente uno ante la muerte de un hijo es una recomendación clave. Hay que dar lugar a las diferentes emociones que se pueden sentir: tristeza, miedo, impotencia, rabia, enfado o a veces alivio, en el caso de que el hijo estuviera pasando una larga enfermedad.

En los últimos momentos de su vida vale la vulnerabilidad y el coraje. 

Cada padre o madre puede elegir cómo quiere acompañar en la muerte a su hijo para despedirle. Y será tan válido mostrar la vulnerabilidad normal del momento como el esfuerzo de cada uno por mantener entereza en el momento de la despedida.

Una ceremonia o un homenaje a la vida que ayude a iniciar el proceso de duelo

Poner en práctica algún ritual u organizar un pequeño homenaje a la vida de un hijo puede ayudar a integrar la pérdida en la familia. Este acto conmemorativo puede ser de muchas maneras. En Ortega Servicios Funerarios encontrarás algunos ejemplos de homenajes en Valencia

Recoger el legado de un hijo para conectar con el vínculo.

Ese viaje pendiente o ese libro no terminado, ese primer día de colegio o esa cena de Navidad a la que no pudo asistir. Cualquier acto es válido para que un padre o una madre pueda conectarse con el vínculo que le acerca a su hijo e integrar así su pérdida.

Funeraria en Valencia con servicio de apoyo al duelo en colaboración con Dopsi Psicología y Salud

Ortega Servicios Funerarios ha puesto en marcha en su funeraria de Valencia un programa de apoyo al duelo y conversación sobre la muerte. Si necesitas apoyo en el duelo puedes ponerte en contacto con nosotros. También puede seguirnos en Instagram o suscribirte a nuestra newsletter para recibir contenido gratuito sobre el duelo de forma mensual. Tenemos club de lectura sobre la muerte y grupos de apoyo al duelo si lo necesitas.